Sara Pereyra Baras, 25 de abril de 1972 San Fernando (Cádiz)
SARA BARAS
Sara,expresa, transmite con todo el cuerpo, la cara, los brazos, pero sus manos, son especialmente bellas y expresivas.
La bailaora
Los acordes van subiendo como llamas por su cuerpo encendiendo las pasiones que estallan en sus braceos.
Sus codos abren espacios donde nacen cielos nuevos, donde se esconden las lunas que han amparado a su pueblo.
Sus manos quiebran el aire esparciendo los misterios de su sonrisa de nácar, de su perfume hechicero.
La música le ciñe el alma y el vehemente taconeo hipnotiza las miradas, talla la gracia en el suelo.
Es huracán desatado, y en el vuelo de su ruedo deja escapar las tormentas de su espíritu flamenco.
Autora: Luz Ma. González
-¿Contendrán esas manos divinas, invisible, el doloroso signo de las supremas leyes?... ¡Yo creo que solemnes, dominarán al Tiempo! ¡y dulces, juraría que hechizan a la Muerte!-
Delmira Agustini
El Paso de la Siguiriya
Entre mariposas negras va una muchacha morena junto a una blanca serpiente de niebla.
Tierra de luz, cielo de tierra.
Va encadenada al temblor de un ritmo que nunca llega; tiene el corazón de plata y un puñal en la diestra.
¿Adónde vas, siguiriya, con un ritmo sin cabeza? ¿Qué luna recogerá tu dolor de cal y adelfa?
Señores: un servidor, Pedro Pérez Paticola, cual la academia española «Limpia, fija y da esplendor». Pero yo lo hago mejor y no por ganas de hablar pues les voy a demostrar que es preciso meter mano al idioma castellano, donde hay mucho que arreglar.
¿Me quieren decir por qué en tamaño y esencia, hay esa gran diferencia entre un buque y un buqué? ¿Por el acento?. Pues yo, por esa insignificancia, no concibo la distancia de presidio a presidió ni de tomas a Tomás, ni de topo al que topó de un paleto a un paletó, ni de colas a Colás.
Mas dejemos el acento, que convierte como ves, las ingles en inglés, y pasemos a otro cuento.
¿A ustedes no les asombra que diciendo rico y rica, majo y maja, chico y chica, no digamos hombre y hombra? Y la frase tan oída del marido y la mujer, ¿Por qué no tiene que ser el marido y la marida? Por eso, no encuentro mal si alguna dice cuala, como decimos Pascuala, femenino de Pascual.
El sexo a hablar nos obliga a cada cual como digo: si es hombre, me voy contigo; si es mujer, me voy contiga.
¿Puede darse en general, al pasar de masculino a su nombre femenino nada más irracional? La hembra del cazo es caza, la del velo es una vela, la del suelo es una suela y la del plazo, una plaza; la del correo, correa; la del mus, musa; del can, cana; del mes, mesa; del pan, pana y del jaleo, jalea.
¿Por qué llamamos tortero al que elabora una torta y al sastre, que ternos corta, no le llamamos ternero? ¿Por qué, las Josefas son por Pepitas conocidas, como si fuesen salidas de las tripas de un melón? ¿Por qué, el de Cuenca no es un cuenco, bodoque el que va de boda, y a los que los árboles podan no se les llama podencos?
Cometa está mal escrito y es nombre que no me peta; ¿Hay en el cielo cometa que cometa algún delito? ¿Y no habrá quien no conciba que llamarle firmamento al cielo, es un esperpento? ¿Quién va a firmar allá arriba? ¿Es posible que persona alguna acepte el criterio de que llamen monasterio donde no hay ninguna mona? ¿Y no es tremenda gansada en los teatros, que sea denominada «platea» donde no platea nada?
Si el que bebe es bebedor y el sitio es bebedero, a lo que hoy es comedor hay que llamarle comedero. Comedor será quien coma, como bebedor quien bebe; de esta manera se debe modificar el idioma.
¿A vuestro oído no admira, lo mismo que yo lo admiro que quien descerraja un tiro, dispara, pero no tira? Este verbo y otros mil en nuestro idioma son barro; tira, el que tira de un carro, no el que dispara un fusil. De largo sacan largueza en lugar de larguedad, y de corto, cortedad en vez de sacar corteza. De igual manera me aquejo de ver que un libro es un tomo; será tomo, si lo tomo, y si no lo tomo, un dejo.
Si se le llama mirón al que está mirando mucho, cuando mucho ladre un chucho se llamara ladrón. Porque la silaba «on» indica aumento, y extraño que a un ramo de gran tamaño no se le llame Ramón.
Y, por la misma razón, si los que estáis escuchando un gran rato estáis pasando, estáis pasando un ratón. Y sobra para quedar convencido el más profano, que el idioma castellano tiene mucho que arreglar.
Conque basta ya de historias, y, si al terminar me dais dos palmadas no temáis porque os llame palmatorias.
Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas, Lo mismo que un árbol en tiempos de otoño muere por sus hojas. Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas, Esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida, Y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas. Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso, Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
Demorate aquí, en la luz mayor de este mediodía, Donde encontrarás con el pan al sol la mesa servida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso, Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
Cristales de tu ausencia acribillan mi voz, que se esparce en la noche por el glacial desierto de mi alcoba. -Yo quisiera ser ángel y soy loba-. Yo quisiera ser luminosamente tuya y soy oscuramente mía.
Gloria Fuertes
Cuando mi hija cumplió cinco años, le regalé dos libros de Gloria Fuertes, ( La momia tiene catarro y Yo contenta tú contenta que bien me sale la cuenta" la tabla en verso") con la idea...más bien ilusión, de que se aficionara a la poesía; no me salió bien la estrategia, porque por más que nos empeñemos los padres, los gustos no se heredan y mi hija hoy a sus 27 años, sigue sin gustarle la poesía.
Yo, descubrí a Gloria Fuertes, descubrí, que no sólo era poemas y cuentos infantiles, qué hizo una poesía maravillosa también para mayores, por eso mi pequeñísimo homenaje en éste blog con algunos de sus poemas.
Autobiografía
Gloria Fuertes nació en Madrid A los dos días de edad, Pues fue muy laborioso el parto de mi madre Que si se descuida muere por vivirme. A los tres años ya sabía leer Y a los seis ya sabía mis labores. Yo era buena y delgada,
Alta y algo enferma. A los nueve años me pilló un carro Y a los catorce me pilló la guerra; A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía. Aprendí a regatear en las tiendas Y a ir a los pueblos por zanahorias. Por entonces empecé con los amores, -no digo nombres-, gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio. Quise ir a la guerra, para pararla, Pero me detuvieron a mitad del camino. Luego me sali una oficina, Donde trabajo como si fuera tonta, -pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches Y voy al campo mucho. Todos los míos han muerto hace años Y estoy más sola que yo misma. He publicado versos en todos los calendarios, Escribo en un peridico de niños, Y quiero comprarme a plazos una flor natural Como las que le dan a Pemán algunas veces.
A veces quiero preguntarte cosas.
A veces quiero preguntarte cosas, y me intimidas tú con la mirada, y retorno al silencio contagiada del tímido perfume de tus rosas.
A veces quise no soñar contigo, y cuanto más quería más soñaba, por tus versos que yo saboreaba, tú el rico de poemas, yo el mendigo.
Pero yo no adivino lo que invento, y nunca inventaré lo que adivino del nombre esclavo de mi pensamiento.
Adivino que no soy tu contento, que a veces me recuerdas, imagino, y al írtelo a decir mi voz no siento.
Algo sucede
Algo me pasa que en mi pecho existe. Vuelan hormigas y discurren peces. Suena la sangre y el tambor convoca. Hay un incendio cerca de mi pulso. De nuevo el tigre lanza su mensaje. Tiene mi cama sed de otra figura. Vuelven las venas a cantar presagios. Torna el insomnio con sus mil disfraces. Lavo mis manos para hacerlas suyas, peino el cabello, río a las vecinas. Y cuanto miro se convierte en agua.
¡Esto es amor y lo demás miseria!
No perdamos el tiempo
Si el mar es infinito y tiene redes, si su música sale de la ola, si el alba es roja y el ocaso verde, si la selva es lujuria y la luna caricia, si la rosa se abre y perfuma la casa, si la niña se ríe y perfuma la vida, si el amor va y me besa y me deja temblando. ¿Qué importancia tiene todo esto, mientras haya en mi barrio una mesa sin patas, un niño sin zapatos o un contable tosiendo, un banquete de cáscaras, un concierto de perros, una ópera de sarna? Debemos inquietarnos por curar las simientes, por vendar corazones y escribir el poema que a todos nos contagie. Y crear esa frase que abrace todo el mundo; los poetas debiéramos arrancar las espadas, inventar más colores y escribir padrenuestros. Ir dejando las risas en la boca del túnel, y no decir lo inti1no, sino cantar al corro; no cantar a la luna, no cantar a la novia, no escribir unas décimas, no fabricar sonetos. Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso, gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo debajo de las latas con lo puesto y aullando, y madres que a sus hijos no peinan a diario, y padres que madrugan y no van al teatro. Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso; cantar al que no canta y ayudarle es lo sano. Asediar usureros y con rara paciencia convencerles sin asco. Trillar en la labranza, bajar a alguna mina; ser buzo una semana, visitar los asilos, las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos, danzar en las leproserías. Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, que al corazón le llega poca sangre.
Yo meditaba absorto, devanando los hilos del hastío y la tristeza, cuando llegó a mi oído, por la ventana de mi estancia, abierta
a una caliente noche de verano, el plañir de una copia soñolienta, quebrada por los trémolos sombríos de las músicas magas de mi tierra.
... Y era el Amor, como una roja llama... -Nerviosa mano en la vibrante cuerda ponía un largo suspirar de oro que se trocaba en surtidor de estrellas-.
... Y era la Muerte, al hombro la cuchilla, el paso largo, torva y esquelética. -Tal cuando yo era niño la soñaba-.
Y en la guitarra, resonante y trémula, la brusca mano, al golpear, fingía el reposar de un ataúd en tierra.
Y era un plañido solitario el soplo que el polvo barre y la ceniza avienta.
Antonio Machado. Soledades (1899-1907)
Mi infancia son recuerdos - Calixto Sánchez
RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido -ya conocéis mi torpe aliño indumentario-, más recibí la flecha que me asignó Cupido, y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno; y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; mas no amo los afeites de la actual cosmética, ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera mi verso, como deja el capitán su espada: famosa por la mano viril que la blandiera, no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo -quien habla solo espera hablar a Dios un día-; mi soliloquio es plática con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. A mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.
Pasan lentos los días y muchas veces estuvimos solos. Pero luego hay momentos felices para dejarse ser en amistad.
Mirad: somos nosotros.
Un destino condujo diestramente las horas, y brotó la compañía. Llegaban noches. Al amor de ellas nosotros encendíamos palabras, las palabras que luego abandonamos para subir a más: empezamos a ser los compañeros que se conocen por encima de la voz o de la seña. Ahora sí. Pueden alzarse las gentiles palabras -ésas que ya no dicen cosas-, flotar ligeramente sobre el aire; porque estamos nosotros enzarzados en mundo, sarmentosos de historia acumulada, y está la compañía que formamos plena, frondosa de presencias. Detrás de cada uno vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad. Quiero deciros algo. Sólo quiero deciros que estamos todos juntos. A veces, al hablar, alguno olvida su brazo sobre el mío, y yo aunque esté callado doy las gracias, porque hay paz en los cuerpos y en nosotros. Quiero deciros cómo trajimos nuestras vidas aquí, para contarlas. Largamente, los unos con los otros en el rincón hablamos, tantos meses! que nos sabemos bien, y en el recuerdo el júbilo es igual a la tristeza. Para nosotros el dolor es tierno.
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